Ama sin perder la cabeza: cómo solucionar la excesiva dependencia del otro

Cuántas veces nos hemos topado con que alguna de nuestras amistades vive para su pareja, vemos que se envuelven en relaciones en las que uno depende enteramente del otro, cuando lo último que ocurre es una pareja sana, con una relación equitativa. Vemos como padecen de una dependencia exagerada y como sufren las consecuencias de la pérdida de su identidad. Son esas relaciones en las que uno de los miembros de la pareja no puede vivir sin hacer constantes llamadas al otro, que monitorea sus actividades y que es incapaz de ejercer las propias sin la aprobación y el consejo de su par.

Podemos catalogar, de alguna manera, este tipo de relaciones como adictivas, en todos los aspectos. Son relaciones repletas de reglas obsesivas, que oprimen los sentimientos y que evitan la expresión de ellos; no dan pie a que se pueda hablar de ellos, precisamente porque no se reconoce la existencia ni de la dependencia ni del problema que esto ocasiona. Quienes se envuelven en este tipo de relaciones hacen todo por complacer al otro y niegan cualquier tipo de conflicto porque eso podría suponer la pérdida de su motivo para vivir, de su mundo, “perdería al amor de su vida”.

La persona que depende emocionalmente de su pareja cree profundamente que es responsable de los pensamientos y acciones del otro, de la misma manera que su pareja debería ser responsable de sus sentimientos y de todo lo que le ocurra. No existe una división entre uno y el otro, está perdida la autonomía natural de ser individual y compartir, eso sí, entre dos.

Amar o necesitar de ti

Este hábito tan arraigado en algunos, enamorarse de las personas que sabemos que necesitan ayuda, no para amarlas sino para sentirse útiles y saber que son indispensables, ven al amor como un pago por estar ahí, porque el otro “no pueda vivir si no están a su lado”. Podemos verlo claramente en esas personas que se enamoran de alcohólicos, de personas con trastornos emocionales, sin empleo o que necesitan algún empuje en su vida, una motivación y, casualmente, ellos siempre están a su lado.

Esta relación de Superman y Louise Lane, siempre eterna, siempre de rescate, es negativa. Cuando una relación no es para amarse y compartir entre dos, estamos en problemas. No amamos, sino que sentimos necesitar al otro para sobrevivir, para ser plenos. En este caso, cabe puntualizar, que la plenitud debe venir de ambas partes. Es decir, ahora que me siento en la plenitud, que no siento necesitar de alguien, estoy en el momento idóneo para una relación, para así poder compartir con mi pareja lo que tengo para dar y, si me envuelvo en una relación, el otro debe pensar de la misma manera, estar en la misma disposición.

Cómo saber si me está pasando…

Cuando vivimos relaciones tóxicas siempre somos los últimos en darnos por enterados. Creemos que la relación depende solamente de nosotros, que todo lo que nos ocurre es culpa nuestra y tenemos miedo a cómo reaccionará el otro. Actuamos en contra de lo que queremos o creemos sin motivo alguno, estamos convencidos que debemos sacrificarnos para que nuestra relación no termine. Tenemos miedo de quedarnos solos porque algo terrible puede suceder si perdemos a quien amamos.


“Todo comenzó a cambiar en mi relación y llegó un momento en el que mi pareja me prohibió vestir como yo deseaba, logró que, con sus actitudes y comentarios, cambiara a ciertas amistades y dejara de frecuentar a otras. Ahora siento como la soledad me embarga y he comenzado a callarme las cosas que me hacen sentir mal y lo fatal que me estoy sintiendo… Me doy cuenta que estoy sufriendo, mi pareja me habla tan sólo cuando quiere y no me busca más que para hacerme sentir mal.Estoy viviendo una soledad que duele, que hiere lo más profundo de mi ser y me deja marcas profundas, me siento en aislamiento, por completo. Porque todo termina siendo mi culpa, dejó de ser eso que yo pensaba a veces para convertirse en lo que mi pareja me dice, lo que me recalca diciendo que hice algo que no debía. Me hizo aprender a callarme y a sufrir, pero por dentro”.


“Cuando me di cuenta de que todo lo que vivía no era normal, que no estaba bien, comencé a mentir y a aparentar que todo marchaba excelente, que éramos una pareja feliz. Me daba vergüenza hablarlo con alguien y creí que sólo me estaba pasando a mí, que no volvería a ocurrir y que esa, en definitiva, era la última vez. Justificaba todo lo que ocurría porque mi pareja estaba bajo el influjo del alcohol, por su mal carácter, porque no sabe controlarse y porque nunca desearía hacerme sentir mal, en realidad no sabía lo que estaba haciendo. De cualquier forma, se comporta peor con los demás, creo que entonces tengo suerte. ¿Para qué dar más vueltas? Talvez sólo tuvo un mal día”.


Esta serie de pensamientos que propician un comportamiento tóxico y sumiso hace que los malos tratos aumenten, de la misma manera en que los momentos en que disfrutamos de nuestra relación se van haciendo menos, cada día menos…

Cómo sobrevivir

Una vez que estamos envueltos en una relación codependiente nos topamos con mil situaciones y todas, de alguna manera, limitan nuestra individualidad y que seamos nosotros mismos. Surge el miedo a intimar con nuestra pareja, a comprometernos, nos atemoriza depender del amor que el otro nos da y eso nos mantiene en la relación. Podemos asumir que nos complementamos con nuestra pareja de una manera increíble, tanto que no podemos vivir el uno sin el otro, es encontrarnos sintiendo que carecemos de valor sin nuestra pareja, es llegar a decir: “sin ti me muero”.

Necesitamos conscientizarnos de lo milagroso que puede ser enamorarnos y que, si valoramos este sentimiento como especial, que viene a engrandecer la vida, a iluminar nuestra existencia y que nos da la oportunidad de vivir con plenitud amando a nuestra pareja, seremos muy felices. Evitemos contaminar este sentimiento tan hermoso con el miedo a que nos abandonen y a sufrir por la posibilidad de que el otro no esté. Muchas veces cargamos con nuestro pasado y, si tenemos una lista de experiencias poco positivas, creemos que se repetirán y que, si nos enamoramos, va a dolernos… Es un círculo vicioso.

Creemos que si ocurrió una vez, se repetirá como si fuera un mal augurio o tuviéramos al destino en contra. Se trata de que logremos avanzar del pensamiento de “te quiero porque te necesito para vivir” a “estoy contigo porque te amo”.

Qué hacer

Es natural darnos cuenta de que, como seres humanos, tenemos necesidades afectivas; pero, llegar a creer que solamente existe una persona en el planeta que nos complementará y resolverá nuestra vida, problemas y tragedias sentimentales, es un error. El amor es un sentimiento libre de egoísmo, enfocado a la tarea de dar y nos hace libres porque no esperamos algo a cambio, buscamos el bienestar de quien amamos al tiempo que le compartimos nuestro amor. De la misma manera, estamos conscientes de que cada quien es responsable de lo que siente, piensa y hace. Nadie puede responsabilizarse por los demás y eso nos da la libertad.

Comienza impulsándola a que realice actividades simples por su cuenta, no emitas crítica alguna si no consigue algo y hazle ver que, aunque no esté todo el tiempo pegada a ti, cuenta contigo y deja que, poco a poco, resuelva su vida, elógiale sus logros y muestra tu interés. Trata de evitar comentarios como “ves que fácil son las cosas, ¿qué te costaba hacerlo?”, mejor muestra una genuina admiración y pídele detalles, dile cosas como: “Siempre he admirado tu iniciativa”, “eres increíble, a mí nunca se me hubiera ocurrido resolver las cosas así…”

Ahora bien, más adelante y discretamente puedes influir en que tu pareja decida asistir a algún taller de autoestima, acércale libros que ayuden a mejorar la visión de su entorno y que le ayuden a solucionar sus problemas individuales por ella misma. Ayúdale a que tome decisiones y que se sienta segura de sí misma al buscar soluciones. Si amas a tu pareja y crees que aún pueden rescatar su relación, ayúdale a crecer y a independizarse de ti; esto hará que comiencen a disfrutar, por completo, de su amor.

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